Mi tía viene de visita en Navidad

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Dos años después, mi tía, hermana de mi madre, volvió a visitarnos en Navidad. Y, como la vez anterior, tuve que dormir con mi hermana en su cama, ya que mi tía se quedaba en la mía. Por aquel entonces yo tenía 20 años y mi hermana, 29.
El día pasó con normalidad, aunque yo estaba ansioso por que llegara la noche y dormir con mi hermana, sobre todo porque ya había follado con ella en varias ocasiones. Cuando llegó la noche, me acosté primero y me puse al lado de la pared, dejando libre el sitio del pasillo para mi hermana. Pasada una hora aproximadamente, mi hermana entró en la habitación para acostarse. Yo hacía como si durmiera, con la lámpara encendida y un libro sobre el pecho.
Mi hermana cogió el libro y lo puso en la mesita, se desnudó para ponerse el pijama y se metió en la cama. Me giré hacia ella con los ojos entreabiertos y pude ver su delicioso cuerpo en ropa interior hasta que se quitó el sujetador y vi sus deliciosas tetas, tantas veces mamadas por mí. Cuando se colocó el pijama, me giré hacia la pared y vi que mi hermana se acostaba y se colocaba espalda con espalda conmigo. Me dormí pronto y de madrugada me desperté. Mi hermana no había cambiado de postura. Me giré hacia ella, puse mi polla entre sus nalgas y la abracé por la cintura con mi brazo y mi mano casi en sus tetas. Mi polla estaba erecta entre sus nalgas.
Tras un rato así, levanté la mano para tocar sus tetas. Mi hermana se movió y abrió los ojos.
—¿Qué haces? Preguntó con somnolencia. —Sepárate un poco.
—No puedo. Contesté. —Estoy pegado a la pared.
—¿Lo que siento en mi culo es tu pene? Preguntó de nuevo.
—Sí, lo siento. Comenté… Ya sabes que tu culo siempre ha sido mi obsesión y, como ahora lo tengo tan cerca, pues…
—Eres un salido. Expresó un poco molesta. —Apártate un poco.
—Ya te he dicho que no puedo… Volví a decirle… Estoy pegado a la pared.
Mi hermana colocó una mano entre los dos, pero tocó mi pene por encima del pijama.
—La cama es pequeña… Comentó mi hermana. —Intentemos acomodarnos.
—¿Cómo? —pregunté. —¿Cómo? —pregunté. —Si apenas hay espacio.
Volvió a colocar su mano entre nosotros, tocando de nuevo mi polla, pero esta vez no la retiró. Yo volví a abrazarla, pero esta vez le coloqué la mano sobre una de sus tetas, jugando con el pezón por encima de la camiseta del pijama. Su reacción fue acariciar mi pene. Reaccioné metiendo mi mano por debajo de la camiseta y volví a acariciar sus tetas, mientras ella hacía lo mismo por el pantalón y me masturbaba acariciando mi polla. Comencé a bajarle el pantalón del pijama, dejando su culo al descubierto a mi vista.
Mi hermana retiró su mano de mi polla y yo me bajé el pijama dejándola a la vista. Se la coloqué entre las nalgas y comencé a hacerme una paja con ellas. Mi hermana se colocó boca arriba y yo me coloqué encima de ella, apuntando con mi polla a su coño y empujando hasta meterla hasta el fondo, mientras ella emitía un tímido y callado gemido para que nuestra hermana no se enterara. Empecé a follarla suavemente, subí su camiseta del pijama y jugué con mi lengua en sus pezones, notando cómo se endurecían con mis lamidas para luego mamarlos dulcemente, mientras bombeaba dentro de ella.
Cuando noté que me iba a correr, saqué mi polla y le solté toda mi lechada sobre sus tetas. Nos levantamos y fuimos a lavarnos un poco al baño. Yo le limpiaba las tetas mientras ella me limpiaba la polla. Cogimos unas toallitas húmedas y volvimos a la habitación. Después de hacer un 69, colocado yo encima, volví a correrme en sus tetas, mientras ella soltaba sus flujos en mi boca. Esa noche dormimos desnudos y abrazados.
Otra noche, después de follarle el coño, me dejó meterla en su culo en posición de cucharita, corriéndome y dejándole el culo inundado con mi lefa. Follamos casi todas las noches, pues a veces solo éramos nosotros dos tocándonos, hasta que mi tía se fue y regresé a mi habitación.
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