Mi media hermana estaba dormida
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En enero, mi hija cumpliría 19 años y su madre le organizó una fiesta. Mi hermana se ofreció acompañarme para que no estuviera solo, ya que estoy divorciado. Estuvimos en la fiesta, y si no fuera por mi hermana, habría estado solo.
Mi hermana había bebido demasiado y le pedí que nos fuéramos a su casa para que descansara. La cargué en brazos, la subí a mi coche y la llevé a su casa.
Al llegar a su casa, la llevé a su cuarto y la acosté, quitándole los zapatos. Ya en la cama, se contraía como queriendo devolverme el favor. Apagué la luz y encendí la lámpara de la mesita; luego, me recosté en la otra cama. Como estaba un poco mareado, decidí bañarme para disipar el efecto del alcohol y lavarme la boca para no oler a tabaco, y cerré la puerta con fuerza.
Cuando salí, mi hermana se había quitado el vestido. Supongo que pensó que ya me había ido. El sujetador y sus braguitas eran del mismo color rojo que su vestido. Aunque no tenía un cuerpo de jovencita, su braguita ceñida resaltaba sus nalgas y su monte de Venus se veía muy abultado. Mi hermana tenía abundancia de pelos que se le escapaban por los bordes del calzón y sus tetas aún se veían firmes.
Contemple su cuerpo inmóvil por un instante y acaricie sus pequeñas tetas y monte de Venus, que estaba cubierto de una abundante mata de pelos, y acérquese a su coño, que está mojado. Me acerqué para aspirar el aroma de su braguita mojada. Me excitó y le comí el coño cuando la aparté para descubrir su raja y le volví a mamar los labios, estirándolos con suavidad hasta descubrir su clítoris, que chupé y lamió con lengua, introduciendo mi lengua todo lo que se podía para saborear su vulva, que se veía más roja contrastando con lo moreno de sus labios internos.
Mi polla ya estaba bien dura, pero no se la metí; primero le metí el dedo meñique para palparla y ver si entraba fácil, ya que no estaba lubricada. Así que me lo chupé y ensalivé, y se lo volví a meter entrando más fácilmente. Volví a pasarle la lengua, pero más que mamarle, le ensalivé lo mejor que pude el coño, pues estaba apretado y esto complicaba mis intenciones, ya que dificultaría la penetración y podría despertarla. Como ya estaba lubricando, me embarré toda la punta y la mitad de la polla con saliva, así resbalaba bien por mi puño apretado.
Estaba listo para metérsela, así que le abrí un poco más las piernas, levantándole el elástico de la braguita, y me acomodé en medio de sus piernas con todo el cuidado. Abrí sus labios con la punta y fui empujando poco a poco hasta meterla toda, centímetro a centímetro. Llegué a la mitad y no noté ningún movimiento, así que volví a empujar hasta meterla toda hasta el fondo y ahí permanecí sin moverme, disfrutando del calor de sus paredes vaginales.
Ahí la tenía bien ensartada con sus labios distendidos para albergar mi trozo de carne, y estaba hasta el tronco. Si no fuera por su mata de pelos, parecería una boca engullendo con gula toda mi polla, mientras bombeaba lentamente.
Así estuve hasta que di signos de eyacular y me la saqué, pues se daría cuenta si me vacío en ella. Me fui al baño y me pajeé hasta que salieron los chorros de leche, imaginándome que regaba las entrañas de mi hermana. Pero no todo se puede. Limpie con cuidado los restos de saliva, le arreglé bien sus braguitas y la tapé con la sábana de la cama.
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